miércoles, 9 de septiembre de 2015

LA AUTORIDAD SUPREMA DE JESUCRISTO






LA AUTORIDAD SUPREMA
DE JESUCRISTO

 Jesucristo es el supremo soberano del universo. 
 Colosenses 1:15-20 da siete razones porqué Cristo es preeminente.  Estos versículos están en el corazón el énfasis principal de la epístola en la exaltación y preeminencia de Cristo.
1.  Jesucristo “es la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15)  Jesús es supremo por razón de su relación con Dios el Padre.  Él es la semejanza perfecta y la representación de Dios. “En el Cristo exaltado el Dios desconocido llega a ser conocido,”  
 Jesús dijo, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9) “Cualquiera que ha visto a Cristo, la manifestación visible del Dios invisible, ha visto a Dios indirectamente,”  Jesucristo es la representación visible y manifestación del Dios visible”(1 Timoteo 1:17) Jesús es la imagen perfecta, semejanza y gloria de su Padre, él es la representación exacta del ser de su Padre (Hebreos 1:3). .
2.  Jesús es supremo sobre todas las cosas porque él es el primogénito sobre toda la creación” (Colosenses 1:15).  Él ante puso la creación entera, y él es soberano sobre toda su creación.  Como creador él tiene dignidad, autoridad suprema, poder soberano sobre esto. Como primogénito Jesús es soberano sobre toda la creación.
 Jesús es supremo porque en él todas las cosas fueron creadas (Colosenses 1:16-17)  Todas las cosas fueron creadas por él, y para él, y en él todas permanecen juntas.  No solamente él es la causa final de la creación, también la causa unificadora.  Cada cosa en el universo existe por él (Juan 1;3; Hebreos 1:2; Apocalipsis 3:14) y para él, nada se excluye de su autoridad suprema.  Cristo reina supremamente sobre toda la creación, lo visible, invisible, lo material e espiritual (Efesios 1:21; 3:10; 6:12; Filipenses 2:9-10; Colosenses 2;10,15; Romanos8:38-39)
3. Jesucristo es supremo porque él es la cabeza de la iglesia (Colosenses 1:18; Efesios 1;22-23; 5:23)
Pablo tiene en mente a la iglesia, al cuerpo de Cristo,  al cual cada creyente ingresa por la fé y por aceptarlo como Señor y Salvador (1 Corintios 12:13; Gálatas 3:28; Efesios 2;15; 3:4-5; Colosenses 1:26)
4. Jesús es supremo porque él es el primogénito de entre los muertos (Colosenses 1:18; Apocalipsis 1:5).
Cristo al resucitar, vino a ser las primicias de los que durmieron (1 Corintios 15;20)  su resurrección marcó su triunfo sobre la muerte. Jesús fue declarado con poder por ser el Hijo de Dios resucitado de entre los muertos (Romanos 1:4)  Él vive por toda la eternidad (Hebreos 78:16) porque él vive se la ha concedido preminencia y autoridad suprema sobre toda la creación. Él es exaltado sobre toda la creación y se le ha dado el nombre que esta sobre todo nombre...para la gloria del Padre (Filipenses 2:9-11) No hay otro nombre como el nombre de Jesús. Él es soberano Dios de todo porque resucito de la muerte.
 De tal manera, él es supremo porque en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1:19)  Toda plenitud agradó al Padre traduce Barclay, la naturaleza divina en toda su plenitud habita en Cristo. Phillips traduce, “esto fue en él que la naturaleza completa de Dios escoge para vivir” otra manera de decir esto es, “Porque en el habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9).  Plenitud significa perfección.  Pablo dice la deidad completa, habita permanentemente y supremamente en Jesucristo.  Él es el Dios absoluto y perfecto.
 Jesucristo es también supremo porque él tiene paz con Dios por medio de su sangre (Colosenses 1:19-23) Él ha reconciliado todas las cosas consigo mismo, habiendo hecho paz por medio de la sangre de su cruz, a través de él, yo digo, sea las cosas en la tierra o en el cielo (v.20).   Jesús es supremo porque él es el reconciliador. Por medio de él Dios reconcilia al pecador consigo mismo, “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10).  Nosotros hemos recibido reconciliación a través de Jesucristo.  La paz ha sido hecha a través de su sangre.  Nosotros fuimos traspasados, forasteros, cortados de Dios, y la sangre de Jesús nos ha reconciliado para el Padre.  Nuestra reconciliación es apropiada por medio de la fe en Cristo. Dios no es reconciliado a nosotros, nosotros somos reconciliados a él por Jesucristo.
 Tal preeminencia y exaltación suprema de Jesucristo deberá causar a nosotros en quebrar en alabanza, adoración, y espontáneamente de nuestro gran salvador de ahora y por los siglos.

¿Qué fisonomía tiene la imagen de Jesucristo?

Lo primero que salta a la vista cuando uno escudriña los evangelios es su realidad humana. Cristo fue verdadero hombre, "asumió todas las características del ser humano, excepto el pecado"

Al tomar atención en sus palabras, se descubre un segundo elemento. Jesús tiene plena conciencia de ser Dios, pero con un matiz muy concreto: "Cristo aparece consciente de tener una relación única con Dios, como es la propia del Hijo hacia el Padre"
En efecto, "¡Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre!"

Esta es la fórmula fundamental de nuestra fe en Cristo Jesús.

El Evangelio, leído sin rutina, destaca fuertemente otra característica del rostro del Señor: es un rostro doliente. "La intensidad de la escena de la agonía en el huerto de los Olivos" y "el grito de Jesús en la cruz" muestra un rostro abrumado por la prueba y el dolor de los pecados del hombre.

"Pero esta contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. Por que Él ¡Resucito!"

Ya tenemos las cuatro características de la persona de Jesucristo:
Él es verdadero Dios y verdadero hombre, fue crucificado por nuestros pecados y resucitado por el Padre.

Jesucristo no tuvo pecado, pero experimentó el dolor del pecado, una experiencia que duró unos momentos para dar paso a la felicidad de la resurrección. De modo similar, en nuestra vida el pecado ofrece un placer pasajero pero el mal permanece; en cambio, un acto bueno exige un sacrificio pasajero pero el bien queda. Por lo tanto no tengamos miedo al sufrimiento que comporta la vida recta pues el dolor pasará pero el bien permanecerá.

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